La ruina de Jerusalén
Tiempo OrdinarioLucas
21, 20-28. Tiempo Ordinario. Cristo no nos pide lo que no le podemos
dar pero sí que le amemos por encima de nuestras preocupaciones.
Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net
Del santo Evangelio según san Lucas 21, 20-28
«Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que
se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los
montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que
estén en los campos, que no entren en ella; porque éstos son días de
venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito. ¡Ay de las que estén
encinta o criando en aquellos días! «Habrá, en efecto, una gran
calamidad sobre la tierra, y Cólera contra este pueblo; y caerán a filo
de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén
será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los
gentiles. «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en
la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y
de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las
cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán
sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con
gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo
y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación».
Oración introductoria
Señor Jesús, pasajes del Evangelio como el de hoy pueden parecer
inquietantes en un primer momento. Pero sabiendo que tengo la enorme
gracia de poder tener un momento de intimidad contigo en la oración, lo
que hago es levantar la cabeza para estar dispuesto a escucharte, porque
sé que Tú eres mi liberación.
Petición
Jesús, Tú eres mi esperanza, ¡aumenta mi confianza!
Meditación del Papa Francisco
Pensamos en el regreso de Cristo y en su
juicio final, que manifestará, hasta sus últimas consecuencias, el bien
que cada uno habrá realizado o habrá dejado de realizar durante su vida
terrena, percibimos que nos encontramos ante un misterio que nos
supera, que no conseguimos ni siquiera imaginar. Un misterio que casi
instintivamente suscita en nosotros una sensación de miedo, y quizás
también de trepidación. Pero si reflexionamos bien sobre esta realidad,
esta sólo puede agrandar el corazón de un cristiano y ser un gran motivo
de consuelo y confianza.
A este propósito, el testimonio de las
primeras comunidades cristianas resuena muy sugerente. Estas solían
acompañar las celebraciones y las oraciones con la aclamación Maranathá,
una expresión constituida por dos palabras arameas que, según cómo sean
pronunciadas, se pueden entender como una súplica: “¡Ven, Señor!”, o
como una certeza alimentada por la fe: “Sí, el Señor viene, el Señor
está cerca”. Es la exclamación con la que culmina toda la Revelación
cristiana, al final de la maravillosa contemplación que se nos ofrece en
el Apocalipsis de Juan. En ese caso, es la Iglesia-esposa que, en
nombre de la humanidad, de toda la humanidad, y en cuanto su primicia,
se dirige a Cristo, su esposo, deseando ser envuelta por su abrazo; un
abrazo, el abrazo de Jesús, que es plenitud de vida y de amor. (Catequesis de S.S. Francisco, 11 de diciembre de 2013).
Reflexión
El lenguaje escatológico empleado por Cristo en este pasaje nos muestra
dos cosas: que Él es el Señor y dueño de la historia y de los
acontecimientos, y que todo cristiano tiene como consigna la vigilancia,
pues desconocemos el día y la hora en que todo esto sucederá.
El Señor nos dice: "quien está en el campo que no entre en la ciudad y
quien esté en la ciudad que se aleje". Cristo no nos pide lo que no le
podemos dar pero sí reclama un seguimiento convencido por parte de cada
uno: que le amemos por encima de nuestras tribulaciones o en medio de la
perplejidad; que aguardemos con esperanza su segunda venida.
También nos advierte que el camino de la cruz no es fácil y que a veces
cuesta, sin embargo sabemos que cuando Dios pide algo, no hace más que
requerir lo que precisamente ha dado. Por lo tanto tenemos un modelo
donde reflejarnos. Él nunca nos deja solos. Repitamos las palabras de
Santa Teresa "Solo Dios basta" y seamos capaces de cobrar el animo y
levantar nuestra cabeza porque se acerca nuestra liberación.
Propósito
Liberarnos ante todo del pecado, de nuestra miseria, de nuestros rencores e insatisfacciones.
Diálogo con Cristo
Señor, ayúdame a ver todos los sucesos de mi vida en la perspectiva de
la eternidad. Ver todo con tu mirada, para saber qué es lo que realmente
tiene valor. Sólo al final de mi vida podré confirmar que todo tiene
sentido y que la lucha por vivir el Evangelio vale la pena, pero ahora
sé que nunca me voy arrepentir de lo que haya hecho por amor a Ti,
¡gracias por darme la certeza de mi fe!
Persecución de los discípulos
Tiempo OrdinarioLucas
21, 12-19. Tiempo Ordinario. Como cristianos estamos llamados a amar y a
vencer con amor el egoísmo.
Por: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net
Del santo Evangelio según san Lucas 21, 12-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Os echarán mano y os
perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante
reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis
testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa,
porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán
resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados
por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de
vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no
perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia
salvaréis vuestras almas.
Oración introductoria
Espíritu Santo, dulce huésped de mi alma, Tú eres mi Abogado y
Consolador, el que me asiste, el que me ilumina y guía. Ayúdame a
ponerte en el centro de mi vida y de mi actividad, especialmente hazte
presente en esta meditación.
Petición
Señor, dame la gracia de confiar siempre en tu Providencia divina.
Meditación del Papa Francisco
El segundo aspecto nos interpela
precisamente como cristianos y como Iglesia: Jesús preanuncia pruebas
dolorosas y persecuciones que sus discípulos deberán padecer, por su
causa. Sin embargo asegura: “Pero no perecerá ni un cabello de su
cabeza”. ¡Nos recuerda que estamos totalmente en las manos de Dios!
Las adversidades que encontramos por
nuestra fe y nuestra adhesión al Evangelio son ocasiones de testimonio;
no deben alejarnos del Señor, sino impulsarnos a abandonarnos aún más en
Él, en la fuerza de su Espíritu y de su gracia.
En este momento pienso y pensamos todos,
hagámoslo juntos, pensemos en tantos hermanos cristianos que sufren
persecuciones a causa de su fe. ¡Hay tantos! Quizá más que en los
primeros siglos. Jesús está con ellos. También nosotros estamos unidos a
ellos con nuestra oración y nuestro afecto. También sentimos admiración
por su coraje y su testimonio. Son nuestros hermanos y hermanas que en
tantas partes del mundo sufren a causa de ser fieles a Jesucristo. Los
saludamos de corazón y con afecto. (S.S. Francisco, Ángelus del 17 de noviembre de 2013).
Reflexión
Cuando un día el obispo, además de
darnos una cachetada, nos ungió la frente con el óleo de la confirmación
en la fe, no cumplió con una especie de rito necesario para que luego
pudiésemos acceder a los demás sacramentos, especialmente el matrimonio.
Fuimos confirmados en la fe. Fuimos constituidos “testigos” de Cristo en
el mundo. Llegamos a la madurez de nuestra entrega al Señor. ¿Y qué
mejor testimonio que el martirio por Cristo?
Pero atendamos a las entrañas de amor de Cristo para con su tan amada
criatura. No es nuestro Dios un dios que se goza viéndonos sufrir o
queriendo que suframos simplemente porque sí. Seguir a Cristo no implica
vivir de tormentos toda la vida. Amarlo no es dejar que nos golpeen
toda nuestra bendita existencia.
Cuando Cristo nos previene de las persecuciones únicamente está siendo
realista con nosotros, nos está dando como un voto de confianza. “Me
habéis amado. Pues sabed que vuestros hermanos no siempre actuarán
movidos por el amor como fuera de esperar sino que os harán sufrir. Pero
confiad Yo he vencido con el amor al mundo”. No son, pues, palabras que
hemos de temer sino consejos de amor, de grande esperanza.
Es el peso del amor. El egoísmo está muy difundido en nuestro mundo,
pero como cristianos estamos llamados a amar y a vencer con el amor el
egoísmo. Y aunque tengamos mil problemas tenemos en Cristo la confianza
de haber obtenido la victoria.
¡Ya hemos vencido! Porque Él nos ha amado primero y ya nos ha prometido
de no abandonarnos en esta dulce lucha por Él que es nuestro Amado. ¿No
es cierto que es un gozo, entonces, poder dar testimonio por Alguien a
quien amamos de verdad?
Propósito
No podemos faltar en nuestra misión de llevar la luz de Cristo, de
proclamar el feliz anuncio del Evangelio, aún si ello comparta la
persecución. Que no me de pena hablar de Dios a los demás.
Diálogo con Cristo
Señor, seguir tu Evangelio, ser un discípulo y misionero de tu amor, es
oponerse a lo que el mundo ofrece y que la mayoría considera como
auténtica felicidad. Necesito hacer un sincero esfuerzo por adquirir
aquellas virtudes que me permitan vivir auténticamente mi fe: la pureza,
la fidelidad, la humildad, la sinceridad y la autenticidad. Te pido,
por intercesión de María, la sabiduría y la fuerza que necesito para
serte fiel.
La viuda de las dos monedas
Tiempo OrdinarioLucas
21, 1-4. Tiempo Ordinario. Cristo no mira las apariencias y no se ha
quedado indiferente ante el gesto de la viuda.
Por: P . Clemente González | Fuente: Catholic.net
Del santo Evangelio según san Lucas 21, 1-4
En aquel tiempo, alzando Jesús la mirada, vio a unos ricos que
echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda
pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: De verdad os digo que esta
viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como
donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que
necesitaba, todo cuanto tenía para vivir.
Oración introductoria
Señor, contemplando el ejemplo de la viuda pobre del Evangelio, quiero
ofrecerte mi vida entera, quiero entregártela sin reservas, como lo hizo
la Virgen María. Concédeme tu gracia en esta oración para que este
ofrecimiento sea una realidad al darte todo mi amor y todo mi ser, con
alegría y generosidad.
Petición
Señor, enséñame a darlo todo por Ti y por los demás, con alegría, generosidad y caridad.
Meditación del Papa Francisco
Pero los pobres –y este es el tercer
punto– no sólo son personas a las que les podemos dar algo. También
ellos tienen algo que ofrecernos, que enseñarnos. ¡Tenemos tanto que
aprender de la sabiduría de los pobres!
Un santo del siglo XVIII, Benito José
Labre, que dormía en las calles de Roma y vivía de las limosnas de la
gente, se convirtió en consejero espiritual de muchas personas, entre
las que figuraban nobles y prelados. En cierto sentido, los pobres son
para nosotros como maestros. Nos enseñan que una persona no es valiosa
por lo que posee, por lo que tiene en su cuenta en el banco. Un pobre,
una persona que no tiene bienes materiales, mantiene siempre su
dignidad. Los pobres pueden enseñarnos mucho, también sobre la humildad y
la confianza en Dios. En la parábola del fariseo y el publicano, Jesús
presenta a este último como modelo porque es humilde y se considera
pecador. También la viuda que echa dos pequeñas monedas en el tesoro del
templo es un ejemplo de la generosidad de quien, aun teniendo poco o
nada, da todo» (S.S. Francisco, Mensaje para la XXIX Jornada mundial de la juventud, enero 2014).
Reflexión
¡Qué hermosos ojos tiene nuestro Redentor que tan bellamente posa su
mirada en cada uno de nuestros actos! A Cristo no le es indiferente
cuanto podamos hacer, sobre todo, cuando son pequeñas menudencias que
sólo Él ha visto y que sabrá premiar en su debido tiempo.
Hay en la escena algunos ricos echando grandes cantidades de dinero para
Dios. Es lo que significa su ofrenda al Templo. Está lejos de Él una
condena a los ricos, como alguna literatura ha querido ver en este y
otros pasajes. Al contrario, seguramente se sintió a gusto al ver cómo
los que cuentan con los medios necesarios, ponen en práctica la hermosa
virtud de la magnificencia. ¡Qué sería del Templo, de las grandes obras
de la Iglesia si no hubiera gente generosa a lo grande! Además está muy
lejos de Cristo esa clase de favoritismos por unos o por otros. Y es que
Dios no mira las apariencias como los hombres.
Precisamente porque no mira las apariencias se impresionó por el gesto
de esa mujer pobre. Lo ha dado todo para Dios, ¡todo lo que tenía para
su existencia! Y Cristo no se ha quedado indiferente ante tan grandioso
gesto. Si hasta lo ha comunicado a sus apóstoles como diciendo:
“aprended de esa mujer lo que es creer de veras en Dios”. Darlo todo. Y
hay tanta gente que lo da todo en nuestro mundo del siglo XXI y, quizás
sería importante abrir más los ojos y no dejarnos impresionar por las
apariencias sino mirar con la mirada de Cristo y obrar con la
generosidad de esa viuda. Porque para Dios ella no ha quedado
desamparada. Porque a los que así obran Dios no los abandona sino que se
conmueve de amor ante sus pequeños actos de generosidad. Pensemos sólo
que gracias a ese pequeño acto de la viuda ella sigue siendo hasta ahora
modelo para nosotros.
Propósito
No ofrecer lo que me sobra, tomar ejemplo de la viuda que da todo lo que
tenía para vivir, y así se da a sí misma. Dar mi tiempo al escuchar con
antención, acompañar, ayudar, agradecer, servir a los demás.
Diálogo con Cristo
Señor, no te puedo dar nada que no haya recibido de Ti, por lo que pongo
en tus manos mi amor y mi total dependencia a tu voluntad. Con tu
gracia podré vivir desprendido de las cosas y sabré darme con más
generosidad y más amor a los demás.
Mi casa es casa de oración
Tiempo OrdinarioLucas
19, 45-48. Tiempo Ordinario. A la Iglesia hemos de acudir con la
confianza de un niño pero con un corazón que ore y busque el encuentro
con Dios. Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net
Del santo Evangelio según san Lucas 19, 45-48
Entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían,
diciéndoles: «Está escrito: Mi casa será casa de oración. ¡Pero vosotros
la habéis hecho una cueva de bandidos!» Enseñaba todos los días en el
Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los
notables del pueblo buscaban matarle, pero no encontraban qué podrían
hacer, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios.
Oración introductoria
Señor, así como purificaste el templo de Jerusalén, te suplico vengas
hoy a este encuentro en la oración para que me muestres qué tengo que
expulsar de mi vida para quedar purificado, reconciliado, digno de Ti,
porque anhelo que vengas hacer en mí tu morada.
Petición
Espíritu Santo, ilumina mi entendimiento para conocer la voluntad divina sobre mí.
Meditación del Papa Francisco
Los explotadores, los comerciantes en el
templo, explotan también el lugar sagrado de Dios para hacer negocios:
cambian las monedas, venden los animales para el sacrificio, también
entre ellos se vuelven como un sindicato para defender.
Esto no solo era tolerado, sino también
permitido por los sacerdotes del templo. Son los que hacen de la
religión un negocio. En la Biblia está la historia de los hijos de un
sacerdote que empujaban a la gente a dar ofrendas y ganaban mucho,
también de los pobres. Y Jesús dice: Mi casa será llamada casa de
oración. Vosotros, sin embargo, la habéis convertido en una cueva de
ladrones.
De este modo, la gente que iba en
peregrinación allí a pedir la bendición del Señor, a hacer un
sacrificio, era explotada. Los sacerdotes allí no enseñaban a rezar, no
les daban catequesis… Era una cueva de ladrones. No sé si nos hará bien
pensar si con nosotros ocurre algo parecido. No lo sé. Es utilizar las
cosas de Dios por el propio beneficio. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 29 de mayo de 2015, en Santa Marta).
Reflexión
El pasaje de hoy nos muestra una cara de Jesús muy sorprendente. Tras
haber llorado por Jerusalén, parece contradictorio contemplar un primer
momento de ternura y otro de dureza casi seguidos en el tiempo.
Los sumos sacerdotes, los escribas y notables del pueblo saben muy bien
de qué se trata todo esto y quieren quitarlo de en medio, que no les
paralice ni boicotee sus negocios.
Parece que Jesús se enfada con mercaderes y vendedores, y en parte es
así. Pero su enfado no viene por su profesión, su enfado no va dirigido a
los de fuera del templo, va dirigido a los de dentro. Esto que parece
una apreciación sin importancia la tiene y mucha, pues el mensaje que
Jesús quiere transmitir va encaminado a cada uno de nosotros. Sí, a cada
uno de los cristianos que vamos a visitar el templo, a cada uno de los
sacerdotes y religiosos que sirven de manera especial al Señor y a cada
uno de los que llevan la iglesia con una responsabilidad mayor y de
dirección. El mensaje es único: " mi casa es casa de oración ". ¿Qué
querrá decirnos Jesús con esto? Quizás esté pensando en las personas que
muchas veces usamos la iglesia como medio para nuestros intereses,
quizás esté pensando en cada hijo suyo que frecuenta los sacramentos y
no se acaba de convencer de que lo importante verdaderamente es servir
sin ser visto, sin sacar tajada, sin que nadie lo note.
A la Iglesia hemos de acudir de puntillas, con la confianza de un niño
pero con un corazón que ore, que busque el encuentro verdadero con Dios,
y no con los hermanos que pueden terminar en negociaciones ajenas al
dueño de la casa. La Iglesia indudablemente es un misterio, y está llena
de humanidad, y cuenta con fallos humanos.
Con nuestra vida sincera y sencilla y nuestra actitud orante formamos
también esa otra Iglesia, que es la que vale: la Iglesia de los Santos,
la Iglesia que es camino de Salvación, la Iglesia compañera nuestra en
la gran aventura de encontrarnos con Dios.
Propósito
Acudir a la Iglesia con la confianza de un niño, pero con un corazón que ore, que busque el encuentro verdadero con Dios.
Diálogo con Cristo
¡Gracias Padre, Señor del cielo y de la tierra, por este momento de
oración! ¡Gracias por el don de tu amistad, de tu gracia y de tu
misericordia! No quiero escatimar esfuerzo alguno por crecer en mi vida
de oración, con tu gracia, lo podré lograr.
Jesús llora sobre Jerusalén
Tiempo OrdinarioLucas
19, 41-44. Tiempo Ordinario. Porque en el corazón de Jesús había toda
esta historia donde la fidelidad había desaparecido. Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net
Del santo Evangelio según san Lucas 19, 41-44
Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: «¡Si también
tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado
oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te
rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y
te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de
ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el
tiempo de tu visita».
Oración introductoria
Señor, ayúdame a comprender en esta oración lo que puede conducirme a la
paz y a la auténtica felicidad. Abre mi mente y mi corazón, aumenta mi
fe, acrecienta mi confianza, inflámame de tu amor y ayúdame a aprovechar
esta oportunidad que me das para encontrarme contigo en esta
meditación.
Petición
Jesús, ayúdame a evitar todo lo que te ofende y a agradarte con amor en mi comportamiento de cada día.
Meditación del Papa Francisco
El pueblo elegido, aun habiendo recibido
muchos beneficios, no le había escuchado. Dios ha dado todo, pero ha
recibido de vuelta solamente cosas feas. La fidelidad ha desaparecido,
no sois un pueblo fiel.
Esta es la historia de Dios. Parece que
Dios llorase, aquí. Te ha amado tanto, te he dado tanto y tú… Todo
contra mí. También Jesús mirando a Jerusalén lloró. Porque en el corazón
de Jesús había toda esta historia donde la fidelidad había
desaparecido. Nosotros hacemos nuestra voluntad, pero haciendo esto en
el camino de la vida seguimos un camino de endurecimientos: el corazón
se endurece, se petrifica; y la Palabra del Señor no entra. Y el pueblo
se aleja. También nuestra historia personal se puede convertir en esto. Y
hoy, podemos preguntarnos: ‘Yo, escucho la voz del Señor, o hago lo que
quiero, lo que me gusta? (Cf Homilía de S.S. Francisco, 12 de marzo de 2015, en Santa Marta).
Reflexión
Jesús llora por Jerusalén. Y profetiza una realidad que seguimos
contemplando hoy. Existe división, existen enfrentamientos, existe
desencuentro, existen guerras. A lo largo de todo el Antiguo Testamento
la tierra prometida ha sido un punto de referencia, una esperanza y
hasta cierto punto la garantía de un pueblo. Sin embargo, no es
suficiente para la salvación, la tierra no deja de ser un lugar y sus
miembros los responsables de lo que en ella sucede.
El pasaje de hoy parece sorprendente. Por un lado Jesús profetiza una
realidad negativa de este mundo y por otro llora por el presente y el
futuro de un pueblo. Jesús ama su tierra, ama a su pueblo y sufre por lo
que no ve en él. El enfrentamiento es consecuencia de no entender lo
que conduce a la paz, de obstinarse en creer que la paz global no es el
resultado de la paz con uno mismo. Quizás, cuando Jesús llora, esta
teniendo presente todas las guerras que se sucederán en el tiempo, todo
el dolor que el hombre se produce a sí mismo. Y es que el hombre, la
criatura que Dios ama con ternura, puede destruirse a sí mismo.
Podemos pensar en la guerra como en algo lejano en el espacio y en el
tiempo, algo ajeno a nuestra realidad cotidiana. Y algo por lo que no
podemos hacer mucho. Sin embargo nosotros podemos ser ángeles de paz o
demonios de guerra. Porque la guerra en definitiva es el odio, es el
rencor, el tomarse la justicia por su mano. Cuando no perdonamos una
falta de caridad que han tenido con nosotros, cuando guardamos y
recordamos el mal que nos han hecho, no estamos entendiendo lo que
conduce a la paz.
Porque el hombre tiene un sentido de la justicia limitado y sobretodo
imposible de realizar de modo exclusivamente horizontal. Porque nosotros
somos limitados y vamos a fallar muchas veces, vamos a herir, aun sin
intención, y vamos a ser heridos. No podemos aplicarnos un sentido de la
paz irrealizable. Jesús llora porque nos obstinamos en no aceptar las
normas flexibles del amor.
Propósito
Buscar la paz, que es fruto del amor y del perdón, de la comprensión y
de la lucha por mejorar y amar sin medida. Jesús llora porque nos
obstinamos en no aceptar las normas flexibles del amor.
Diálogo con Cristo
Señor, no puedo cerrar mi corazón y ahogar en mi egoísmo mi celo
apostólico. Fortaléceme, hazme generoso para crecer en el amor y
dedicarme a mi misión con ahínco, y así, hacer cuanto pueda para que la
Nueva Evangelización llegue a muchas más personas.
¡Muy bien, siervo bueno! has sido fiel siempre
ParábolasLucas
19, 11-28. Tiempo Ordinario. Aquí está mi misericordia, mi ternura, mi
perdón: tóma tus dones y úsalos abundantemente.
Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net
Del santo Evangelio según san Lucas 19, 11-28
Estando la gente escuchando estas cosas, añadió una parábola, pues
estaba él cerca de Jerusalén, y creían ellos que el Reino de Dios
aparecería de un momento a otro. Dijo pues: «Un hombre noble marchó a un
país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Habiendo
llamado a diez siervos suyos, les dio diez talentos y les dijo:
"Negociad hasta que vuelva." Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron
detrás de él una embajada que dijese: "No queremos que ése reine sobre
nosotros." «Y sucedió que, cuando regresó, después de recibir la
investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos, a los que había
dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el
primero y dijo: "Señor, tu talento ha producido diez talentos." Le
respondió: "¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo,
toma el gobierno de diez ciudades." Vino el segundo y dijo: "Tu
talento, Señor, ha producido cinco talentos." Dijo a éste: "Ponte tú
también al mando de cinco ciudades." «Vino el otro y dijo: "Señor, aquí
tienes tu talento, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo
de tí, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste, y
cosechas lo que no sembraste." Dícele: "Por tu propia boca te juzgo,
siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse
y cosecho lo que no sembré; pues ¿por qué no colocaste mi dinero en el
banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses." Y dijo
a los presentes: "Quitadle el talento y dádsela al que tiene los diez
talentos." Dijéronle: "Señor, tiene ya diez talentos." - "Os digo que a
todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se
le quitará." «"Pero a aquellos enemigos míos, los que no quisieron que
yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí."» Y
habiendo dicho esto, marchaba por delante subiendo a Jerusalén.
Oración introductoria
Gracias, Señor, por recordarme la importancia de multiplicar los dones
que me has dado en custodia. No quiero tener nunca miedo a tu exigencia,
ni quiero justificar mi pereza, apatía o pasividad, por ello recurro a
Ti en esta oración, dame la sabiduría y audacia para multiplicar los
talentos que he recibido.
Petición
Padre mío, ayúdame a corresponderte con generosidad, responsabilidad y eficacia creciente.
Meditación del Papa Francisco
El significado de esto es claro. El hombre de la parábola representa a
Jesús, los siervos somos nosotros y los talentos son el patrimonio que
el Señor nos confía. ¿Cuál es el patrimonio? Su Palabra, la Eucaristía,
la fe en el Padre celeste, su perdón… en definitiva, tantas cosas, sus
más preciosos bienes. Este es el patrimonio que Él nos confía. ¡No sólo
para custodiar, sino para multiplicar! Mientras en el lenguaje común el
término "talento" indica una notable cualidad individual – por ejemplo,
talento en la música, en el deporte, etcétera –, en la parábola los
talentos representan los bienes del Señor, que Él nos confía para que
los hagamos rendir.
El hoyo excavado en el terreno por el
"siervo malo y perezoso" indica el miedo del riesgo que bloquea la
creatividad y la fecundidad del amor. Porque el miedo de los riesgos en
el amor nos bloquea. ¡Jesús no nos pide que conservemos su gracia en una
caja fuerte! No nos pide esto Jesús, sino que quiere que la usemos para
provecho de los demás. Todos los bienes que hemos recibido son para
darlos a los demás, y así crecen. Es como si nos dijese: 'Aquí está mi
misericordia, mi ternura, mi perdón: tómalos y úsalos abundantemente'. Y
nosotros ¿qué hemos hecho con ellos? ¿A quién hemos "contagiado" con
nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos animado con nuestra esperanza?
¿Cuánto amor hemos compartido con nuestro prójimo? Son preguntas que nos
hará bien hacernos.
Cualquier ambiente, también el más
lejano e impracticable, puede convertirse en un lugar donde hacer rendir
los talentos. No existen situaciones o lugares excluidos a la presencia
y al testimonio cristiano. El testimonio que Jesús nos pide no está
cerrado, está abierto, depende de nosotros. (Ángelus de S.S. Francisco, 16 de noviembre de 2014).
Reflexión
El evangelio de hoy contiene una exigencia y a la vez una gran confianza
de Dios en cada uno de nosotros. Jesús una vez más habla a través de
parábolas sencillas que encierran toda la grandeza de su mensaje y que
son una invitación a saber descubrir la grandeza de la vida corriente.
Parece duro, o al menos exigente el pasaje de hoy, y nos muestra la gran
diferencia entre el temor de Dios y el temor a Dios.
Dios es infinitamente justo, Dios es infinitamente misericordioso.
Parece contradictorio que Dios sea infinitamente justo y a la vez
infinitamente misericordioso, pues en el primer caso parece difícil de
entender su actuación que sin su infinita misericordia parecería no
responder a su ser. Sin embargo, hemos de aceptar que para nosotros Dios
siempre será un misterio, que sólo Él mismo nos puede desvelar. Si nos
fijamos exclusivamente en su justicia es fácil que caigamos en una
especie de miedo paralizador que nos haga creer en la imposibilidad de
nuestra salvación y nos haga verle como un juez justo y severo.
Esto nos convertirá en personas que temen a Dios, personas que intentan
rehuirle, que se arredran y no arriesgan por temor a perder: "Señor,
aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo,
porque eres exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no
siembras..." Nuestra visión se nubla hasta el punto de convertir a Dios
en un ser exigente e injusto y no ponemos en juego todo lo que tenemos
sino que de hecho lo escondemos.
Sin embargo, cuando contemplamos la justicia y la misericordia de Dios,
en seguida entendemos que Dios ante todo es Bueno, que quiere que nos
salvemos. Pero para eso tenemos que querer y tenemos que dejarle hacer.
Tomarse en serio a Dios, tomar en serio sus cosas significa tener temor
de Dios, y significa poner en juego todo aquello que nos ha dado, siendo
conscientes de que muchas veces fallaremos y no daremos el fruto que
nos gustaría. Eso no importa, porque a Él sólo le preocupan nuestras
intenciones. Muchas veces sólo podremos ofrecer eso, nuestro propósito
de hacer las cosas lo mejor posible, desprendiéndonos del resultado
final. En cualquier caso, nuestras actitudes delatan y ponen de
manifiesto nuestras intenciones.
Propósito
Pidámos a Dios, como nos enseña el Papa, que nos ayude a ser siervos
buenos y fieles, para que podamos participar un día en el gozo de
nuestro Señor.
Diálogo con Cristo
Jesús, no quiero ser un espectador pasivo, sino un colaborador
infatigable de tu Reino. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad y
hacer multiplicar todos los dones que me has confiado. Tengo mucho que
dar, pero mucho más que ganar, si uso mis talentos para extender tu
Reino.
Quien pierda su vida por mí, la salvará
Tiempo OrdinarioLucas 17, 26-37. Tiempo Ordinario. Por: P. Juan Gralla | Fuente: Catholic.net
Del santo Evangelio según san Lucas 17, 26-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como sucedió en los
días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían,
bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el
arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió
en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban,
construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y
azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día
en que el Hijo del hombre se manifieste. Aquel Día, el que esté en el
terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual
modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer
de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la
conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho:
uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas:
una será tomada y la otra dejada. Y le dijeron: ¿Dónde, Señor? Él les
respondió: Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres.
Oración introductoria
Señor, hoy me llamas a vivir en actitud de vigilancia, a vivir en
guardia frente a las mentalidades del mundo que sin darme cuenta me
hacen creer que es más importante el «tener» o el «aparecer» que el
«ser». Por ello te pido que seas el centro de mi oración, que ilumines
mi mente y fortalezcas mi voluntad.
Petición
Señor, te pido tu gracia para saber desprenderme de mi juicio y de mi voluntad para poder abrirme a tu gracia y amor.
Meditación del Papa Francisco
Hay aquí una síntesis del mensaje de Cristo, y está expresado con una
paradoja muy eficaz, que nos permite conocer su modo de hablar, casi nos
hace percibir su voz... Pero, ¿qué significa “perder la vida a causa de
Jesús”? Esto puede realizarse de dos modos: explícitamente confesando
la fe o implícitamente defendiendo la verdad. Los mártires son el máximo
ejemplo del perder la vida por Cristo. En dos mil años son una multitud
inmensa los hombres y las mujeres que sacrificaron la vida por
permanecer fieles a Jesucristo y a su Evangelio. Y hoy, en muchas partes
del mundo, hay muchos, muchos, muchos mártires —más que en los primeros
siglos—, que dan la propia vida por Cristo y son conducidos a la muerte
por no negar a Jesucristo. Esta es nuestra Iglesia. Hoy tenemos más
mártires que en los primeros siglos. Pero está también el martirio
cotidiano, que no comporta la muerte pero que también es un “perder la
vida” por Cristo, realizando el propio deber con amor, según la lógica
de Jesús, la lógica del don, del sacrificio. Pensemos: cuántos padres y
madres, cada día, ponen en práctica su fe ofreciendo concretamente la
propia vida por el bien de la familia. (S.S. Francisco, 23 de junio de 2013).
Reflexión
Cuando alguien empieza una discusión con su marido (o esposa), o con un
amigo, se cumple eso de que "el que pierde, gana". ¿Qué significan estas
palabras? Que el que está dispuesto a ceder es quien obtiene el
triunfo. Triunfa sobre el egoísmo, vence en la caridad y gana la estima
de Dios y de la persona con la que estaba discutiendo.
Porque hay muchas victorias en el ámbito humano que son momentáneas,
superficiales. Contentan un rato, pero luego dejan insatisfacción. Hay
que ir más a fondo, evaluar si es preciso "ganar" siempre, tener la
razón en todo, imponer los propios gustos a los demás. Con un poco de
atención, veremos que la felicidad auténtica no viene por ahí. Aunque
parezca extraño, nos sentimos más felices después de hacer un
sacrificio, de haber dado una alegría a otro, etc. ¿Por qué? Porque eso
viene de Dios, y sólo Él es quien puede hacernos auténticamente felices.
El que está dispuesto a "perder la vida" ha entrado en el camino que
Cristo siguió para la redención de los hombres. Es el camino de negarse a
uno mismo, el camino de la cruz. Sólo a la luz de Cristo crucificado se
puede vivir con autenticidad el cristianismo. Jesús lo perdió todo: sus
discípulos le abandonaron, los soldados le arrancaron sus ropas, la
muchedumbre se burló de Él... Sin embargo, gracias a la donación por
amor al Padre, nos salvó de la condenación que merecían nuestros pecados
y triunfó sobre el poder de la muerte, resucitando.
Propósito
Estar dispuesto a ceder ante los demás por algo que a mi me guste. Triunfar sobre el egoísmo.
Diálogo con Cristo
Señor, aumenta mi deseo de vivir una relación cercana a Ti. Ordena todas
mis actividades y relaciones de acuerdo a tu voluntad. «Todo aquello
que quieres tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres Tú,
como Tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras» (Oración del
Papa Clemente XI). El día que me llames no va importar quién sea o qué
tenga, lo único que va contar es mi relación contigo, porque el único y
verdadero tesoro es vivir siendo fiel a tu amor y no perder nunca tu
amistad por el pecado. Todo lo demás es valioso en la medida en que me
ayude a conservar y vivir en gracia.